viernes, 8 de julio de 2011

SE INFIEL Y NO MIRES CON QUIÉN (Junio 2009)


SE INFIEL Y NO MIRES CON QUIÉN.

Teatro Rialto.

Autores: Ray Cooney y John Chapman.

Dirección: Pilar Massa.

Intérpretes: Jesús Cisneros, Fernando Albizu, Yolanda Aréstegui y Antonio Vico, entre otros.

... NO ES FÁCIL HACER COMEDIA...

Hace treinta y siete años, este vodevil fue estrenado en el antiguo Teatro Maravillas; Pedro Osinaga fue su protagonista durante más de una década, algo impensable, quizá, en nuestros días.

Jesús Cisneros vuelve a recuperar esta comedia cuando se cumplen veinte años de su debut en el Teatro Albéniz con la obra “Con la mosca tras la oreja”. La compañía que dirige el actor ha llevado a cabo una adaptación del texto escrito por Ray Cooney y John Chapman en la que su actualización no se nota tanto en el lenguaje utilizado que, tal vez, sino en diversos comportamientos, diversos gags que si bien provocan la carcajada, no dejan de ser vulgares y carentes de originalidad...

Fernando Albizu me ha comentado que hacer bien la comedia es algo complicado y comparto esta afirmación... Sin embargo, esta compañía consigue hacerla más o menos bien en el segundo acto, justamente cuando el ritmo se acelera, cuando las entradas y salidas de las distintas habitaciones se hacen continuas y los equívocos se alzan como auténticos protagonistas... Mientras tanto, el primer acto es flojo, muy flojo diría. A los intérpretes les cuesta entrar en unos personajes sin energía que, a la postre, en sus respectivas pieles, resultan inanes...

Fernando Albizu es el mejor, con diferencia, dentro de un reparto mediocre y una dirección que sólo adquiere sentido en la segunda parte de una obra dividida en dos actos de forma innecesaria pues nada cambia en el decorado... Nada cambia en los actores que sin interpretar con demasiado entusiasmo sí adquieren el ritmo necesario para levantar una adaptación sin más objetivo que el de pasar el rato y echar unas risas... Objetivos, estos, que están más que cumplidos no ya por el vodevil propiamente dicho que perfectamente podría ser, sino por lo antes apuntado, una actualización que según en qué aspectos raya lo vulgar y en unas caracterizaciones que, sobre todo en el personaje de la asistenta, chirrían... ¿Por qué han dibujado un personaje así? Más que un ser humano del país que sea, se asemeja a un robot... tal es la inverosimilitud que lo determina y lo forzado del trabajo de una actriz que, sinceramente, si disfruta... lo disimula de mil amores.

La maquinaria teatral de la obra es impecable, su construcción infalible, el riesgo abordado por Jesús Cisneros y su compañía, loable... sin embargo, la adaptación es mediocre... se deja ver, a veces... pero nada más...

Sofía Basalo.