sábado, 4 de junio de 2011

BAILANDO EN LUGHNASA (Enero 2010)


BAILANDO EN LUGHNASA.

Teatro Guindalera.

Autor: Brian Friel.
Dirección: Juan Pastor.
Intérpretes: María Pastor, Raúl Fernández, Victoria dal Vera, Elia Muñoz, Yolanda Robles, Carmen Gutiérrez, Álex Tormo y Juan Pastor.

MÚSICA PARA EL RECUERDO…

… Los recuerdos… El paso de los años sobre los deseos, las costumbres, los silencios, aquello que ansiamos y nos prohibimos, aquello que queremos ver llegar a través de una ventana que da a un jardín donde juega un niño, que ya es adulto mientras recuerda… Un hombre que ama a destiempo y con cierta inconstancia… Unas mujeres que sobreviven solas, en un medio hostil, sin darse cuenta de que nada quedará tras el verano de 1936… Unas mujeres que quieren vivir al ritmo de una música que a veces se calla y las deja huérfanas… Unas mujeres que quieren amar a pesar del miedo, que quieren no tener miedo a pesar de sí mismas, que quieren quizá abandonarse en manos de la felicidad… aunque ésta sea frágil, aunque sea volátil, aunque no sean seguros sus cimientos…
… El niño que juega en el jardín, ya adulto, recuerda ese verano… recuerda a su madre, a sus tías… recuerda un ayer tibio… la última vez que vio a sus padres juntos, la última vez que una de sus tías fue inocente… la última vez que la familia bailó unida al son que marcaba la música intermitente de una vieja radio… la última vez de un tiempo en el que la inocencia se afanaba por fabricar cometas… la última vez de una vida aparcada en el baúl sin fin de la memoria más sentimental…
Juan Pastor cierra con un nuevo montaje de la obra que él mismo estrenó en 1999, la trilogía de Brian Friel. Es fácil salir de cualquier propuesta elaborada por esta sala con una sensación agradable. Como si las palabras y la misma puesta en escena nos hubieran acariciado el alma del modo más delicado. Una vez más, hemos salido así… Supongo que los recuerdos siempre nos regalan un sabor nostálgico al que nos es prácticamente inútil resistirnos… Más aún cuando todo en la propuesta es acertado. Me ha gustado especialmente María Pastor, alejada del tono y del tipo de personaje que habitualmente interpreta; la he encontrado muy convincente como la madre y amante de un hombre al que espera siempre, aunque sepa que no siempre va a volver y que todo en él es una verdad a medias… Si algún “pero” he de poner a este título es quizá, su lentitud. El desenlace se hace innecesariamente pesado y denso… sin embargo la foto final es perfecta… la instantánea de un recuerdo que sigue siendo presente en los ojos de un narrador cuya infancia se ha quedado sentada en el banco a través del cual sigue perennemente esperando su joven madre…

Sofía Basalo.

domingo, 29 de mayo de 2011

CINCO HORAS CON MARIO (Enero 2011)




CINCO HORAS CON MARIO.

Teatro Reina Victoria.

Autor: Miguel Delibes.
Dirección: Josefina Molina.
Intérpretes: Natalia Millán y Víctor Elías.

CUÉNTAME… PERO SIN MICRÓFONO, POR FAVOR.

… Mario está muerto… Pero no lo están la hipocresía, la insatisfacción escondida en los pliegues de un “saber estar” forzado, la soledad, la incomunicación, las costumbres vestidas de deseos enfermizos, la culpabilidad de quien se siente traicionada e incapaz de ser feliz…
… Mario está muerto… Con sólo 49 años y está muerto… lo tiene todo y está muerto… no ha sabido vivir porque no ha querido comprar un coche y está muerto… su cuñada llora desolada y está muerto… su mujer lo vela durante cinco horas y aunque en un momento dado parece que se mueve… Mario está muerto…
… Mario está muerto. Su féretro preside la biblioteca. A su izquierda una estantería cuyos libros han sido vueltos “cara a la pared” para que “los colorines de sus lomos” respeten el luto. Un poco más cerca del féretro, una mesa; sobre ella, una máquina de escribir y un termo. A la derecha cuatro sillas que irán cambiando de posición. Será Carmen Sotillos (su viuda) quien a lo largo de esas horas las mueva al sentarse, al ponerse en pie, al caminar, al pensar, al recordar, al sentirse viva, al encontrarse envuelta en el gris que la rodea…
Quizá la sociedad en la que Carmen sobrevive haya muerto. Quizá el texto de esta novela, además de ser espeso, esté pasado. Quizá no tengan lugar obras como ésta… Pero no se equivoquen. El personaje creado por Miguel Delibes es un reto para una actriz. La interpretación de la inmensidad de sentimientos que sobre el escenario experimenta, no está al alcance de cualquiera. Carmen Sotillos es una mujer como, por otro lado, lo eran todas aquellas que comulgaban con la mojigatería propia de una educación castrante, todas aquellas que comulgaban con los dogmas de la apariencia y la hipocresía, todas aquellas que soportaban una realidad gris por el miedo a abandonarse a los colores vivos del deseo y la autenticidad… De la vida misma…
Quizá no estemos en 1966… pero sus oscuros ecos a veces se escuchan… Su tenebrosa sombra a veces parece alargarse amenazando nuestra reconquistada libertad… Su lúgubre recuerdo planea en la memoria de más de una generación de españolitos y españolitas que viven el hoy con miedo, con precaución… Quizá no estemos en 1966 pero a veces cuesta mucho desaprender lo que la imposición metió en nuestras conciencias…
Hasta el momento, sólo Lola Herrera había dado vida a Carmen Sotillos. Tuve la oportunidad de verla hará unos seis o siete años, no lo recuerdo bien. Fue en el Teatro Real Cinema. He de admitir que no me acabó de convencer… No me acabé de creer a esa mujer… quizá porque estuve toda la obra “buscando el micrófono”… (Siento verdadera fobia a los micrófonos innecesarios, lo confieso)… Pero no salí muy convencida… El mismo temor sentí al conocer quién sería la “nueva Carmen”… Tras ver el extraordinario trabajo de Natalia Millán, admito mi error. Ésta camina por la multitud de sentimientos y remordimientos de la protagonista con una veracidad absoluta. Natalia Millán sirve al texto de un modo sobresaliente, ella es el instrumento y es y la vemos como Carmen Sotillos. Quizá la acertada escenografía o las acertadas luces que adquieren tonalidades violetas cuando surgen los deseos más íntimos de la insatisfecha mujer, le ayudan a sacar adelante un texto tan intenso y extenso… De cualquier manera, Natalia Millán no se queda atrás, incluso diría más, sin ver el primer montaje que interpretó Lola Herrera, me ha gustado mucho más la Carmen que respira a través de la voz y del rostro de Natalia Millán que la que respiró a través del trabajo de Lola Herrera, hace seis o siete años…
… Volviendo al micrófono… aquí también estuve un cuarto de hora más o menos “en busca y captura” del micrófono. Lo encontré muy bien camuflado entre el peinado de nuestra protagonista… aunque cuando la actriz se queda en combinación “el aparato” queda, también, al descubierto. No creo que éste fuera necesario. El Reina Victoria no es muy grande y Natalia Millán es lo suficientemente buena actriz como para que su voz se escuche perfectamente hasta la última fila del recinto. Éste es el único “pero” completo que le pongo a un montaje cuyo comentario debiera acabar aquí, pero no lo voy a hacer… y no por un ánimo “leñero” ni nada de eso… Es cierto que Víctor Elías (de Los Serrano) sale a escena diez minutitos o así, pero no está de más que una servidora le dé un consejito, un consejito que me podría guardar… pero no me queda sitio, disculpen. La tele no es el teatro y si en la tele se suele hablar rápido o quizá se permite hablar rápido, casi sin vocalizar… en el teatro no se puede, no se debe… Así que, Víctor, aunque sólo tengas dos o tres frasecitas, si las dices como es debido, “miel sobre hojuelas”… Por lo demás, sobresaliente para un montaje al que le sobra el micrófono.

Sofía Basalo.

domingo, 15 de mayo de 2011

DIVORCIADAS, EVANGÉLICAS Y VEGETARIANAS. (Julio 2010)


DIVORCIADAS, EVANGÉLICAS Y VEGETARIANAS.

Teatro Pequeño Gran Vía.

Autor: Gustavo Ott.
Director: Gustavo Ott
Intérpretes: Blanca Rodríguez, Carmen Sánchez y Yanet Sierra.

ÉRANSE UNA VEZ… TRES HORTERAS.

Si nos adentramos en la página web de “Profetas de mueble bar” podremos leer lo siguiente: Estamos ante “el éxito de la temporada”. Un texto lleno de ternura, un canto a la amistad, a las realidades humildes, a las grandezas minúsculas… Un espectáculo que va directo al corazón por el continuo y muchas veces ácido análisis que se hace de los múltiples sentimientos humanos… en fin… De nuevo, me sorprenden las evaluaciones que, de según qué espectáculos, se llevan a cabo; aunque, claro, si las extraemos de una productora o entidad parecida que ha apostado por dicho espectáculo qué vamos a esperar ¿no?
“Divorciadas, evangélicas y vegetarianas” es una horterada. Una horterada en toda su extensión: En el contenido, en el continente, en el texto, en el vestuario realizado por León Revuelta “una figura clave del cine y el teatro español” y que parece ser, en este proyecto se ha tomado unas vacaciones, en las intérpretes (no es que yo tenga nada en contra, pero vamos, que intenten aparentar 38 años, señoras que “me da” pasan de los cincuenta…), en el humor empleado, en la temática… en todo. Una horterada absoluta, porqué quedarse a medias.
Cuando me encuentro ante estos casos (intérpretes que intentan aparentar o ser alguien objetivamente “imposible”) me pregunto: ¿Es que no hay actrices capaces de ser una de estas tres “Marías”; es que en Canarias no hay más materia prima que estas tres actrices que no son malas, simplemente intentan adaptarse a un esquema que no les va… a un texto que vale nada y menos, a unas situaciones que son absurdas… a unos personajes arquetípicos, fáciles, reiterativos, simplones… a un proyecto más que malo?
Quizá esté siendo demasiado “cáustica”. No esperaba gran cosa, la verdad. Pero tampoco me esperaba este “cuadro”…
Una hora y veinte minutos de historias sabidas que, en esta ocasión, están contadas de una manera absurda, poco elaborada y sin imaginación.
¿Qué más puedo decir?... Mejor, corto y cambio.

Sofía Basalo.

domingo, 1 de mayo de 2011

DÍAS ESTUPENDOS (Octubre 2010)

DÍAS ESTUPENDOS.

Teatro Valle-Inclán. Sala Francisco Nieva.

Autor y director: Alfredo Sanzol.
Intérpretes: Paco Déniz, Elena González, Juan Antonio Lumbreras, Natalia Hernández y Pablo Vázquez.

... RECUERDOS DE VERANO…

El verano es una época de risas, de posibilidades recién nacidas, de instantes infinitos, de ilusiones jóvenes y repletas de vida. En el verano habita el paraíso de la infancia y de la eterna adolescencia, cuando los sueños son realidades posibles, cuando la imaginación nos devuelve los ecos de un ayer luminoso y vibrante, cuando la mente vuela y nos eleva junto a ella a otros mundos, a otras vidas, cuando una voz cálida y sugerente nos dice que tenemos todo a nuestro favor para colorear la cotidianidad que nos rodea…
En el verano la realidad y los sueños se dan la mano para hacernos felices durante un mes, quince días, una semana, un fin de semana, un solo día…
Este espejismo ha subido al escenario del Teatro Valle-Inclán para colocarnos ante nuestros recuerdos, para invitarnos a evocar nuestros veranos, nuestros días estupendos… pero ¿fueron verdaderamente estupendos? Así nos lo dice nuestra memoria, facultad selectiva que sólo nos devuelve el dulce sabor del ayer; así nos lo dice el pasado siempre presto a la nostalgia…
Alfredo Sanzol ha elaborado una obra teatral cuya estructura se asemeja a la memoria, a cómo ésta nos devuelve el pasado, a cómo esta nos habla, nos dice que fuimos… Así, a lo largo de una hora y media se suceden dieciséis historias, dieciséis momentos perfectamente amalgamados, que exigen mucho de los actores que los interpretan y que logran Ser con total veracidad, en un momento determinado, en un tiempo indefinido.
Cada una de las historias que ante nuestros ojos se representa lo hace cargada de emociones, de recuerdos, de sensaciones que alcanzan su mayor grado en la despedida, en una canción “hortera” según su compositor y el mismo Alfredo Santol, en unas notas musicales que aún así nos conducen directamente a nuestras despedidas, a nuestros “adioses”, a nuestros estíos, y en una llamada que quizá no se debió producir porque al hacerlo estropeó ese momento que ya se convirtió en pasado. Cada uno de los instantes nos regala unas risas que vuelven a estar vivas, una melancolía que dormía quizá en la cotidianidad que nos abruma, un deseo que olvidamos entre la inmensa responsabilidad con la que el presente nos carga… y De repente, nos encontramos a esa futura madre que nos hace testigos de una conversación callada, entrañable, una conversación que mantiene con su futuro hijo, una conversación que se desarrolla en una sola dirección, aunque nos señala… diciéndonos que sólo seremos perdedores si dejamos enterrada nuestra inocencia, nuestra capacidad para soñar, para creer en el otro, para pensar que todo puede ser posible, para ver, dibujar, pergeñar entre infinitos amaneceres… días verdaderamente estupendos…
Tal vez esta obra que completa una trilogía que nunca tuvo intención de ser, no nos ofrezca nada del otro mundo… pero, como he leído en algún medio de comunicación, nos la merecemos, nos merecemos esos recuerdos, nos merecemos esa memoria, nos merecemos ese impulso para continuar conjugando días maravillosos… Sobre todo cuando quienes nos invitan a hacerlo lo hacen tan estupendamente bien.

Sofía Basalo.

domingo, 24 de abril de 2011

100 METROS CUADRADOS. (Febrero 2011)

100 METROS CUADRADOS.

Teatro Lara.

Autor y director: Juan Carlos Rubio.
Intérpretes: María Luisa Merlo, Miriam Díaz-Aroca y Jorge Roelas.

RENACIMIENTOS.

Tres soledades. Tres seres que deambulan a tientas por el mundo, por una existencia apenas sostenida por la incertidumbre y el miedo. Tres personas solitarias que, sin embargo, ansían compartir sus inseguridades con el otro…
Tres soledades. La soledad de Lola (María Luisa Merlo) encerrada en 100 metros cuadrados, cuando no, en un estratégico armario; mantenida por tres by-pass mientras la intenta “exterminar” a base de alcohol y nicotina. La soledad de Sara (Miriam Díaz-Aroca) tristemente acompañada por un marido al que no quiere, al que “reconoce” en una infidelidad dolorosa; tristemente ocultada por una fortaleza ficticia que la hace más frágil… Y por último, la soledad de un hombre desnortado (Jorge Roelas); un hombre que no encuentra su sitio, un hombre perdido en una sociedad enmarañada y a veces absurda, que se adentra en esos 100 metros cuadrados buscando quizá la calidez de un abrazo solitario…
Sara es una mujer aparentemente cortante, seca, calculadora e incluso desagradable que quiere comprar una casa “como inversión”. No le importa que el precio de ese inmueble sea más bajo a causa de un pequeño “inconveniente” llamado “Lola”; su “dueña”, a quien parece ser, le queda “menos de un telediario” a causa de su salud y sus excesos. El contrato contempla el hecho de que a la muerte de Lola, Sara ocupe la casa.
Cada mujer tiene sus propósitos; sus métodos, sus formas, sus principios. Pero ninguna de ellas ha contado con la vida, con sus circunstancias no siempre “casuales”, con los planes que el destino les guarda… A medida que el tiempo transcurre, a medida que la obra avanza, la cuerda tensa y áspera que separaba a las dos protagonistas se irá flexibilizando; ellas mismas se irán desnudando, despojando de sus “capas”, como Sara de su abrigo, su chaqueta, su pañuelo, para acabar emocionalmente desnudas en 100 metros cuadrados de soledad acompañada.
Las dos mujeres han sufrido. Lola no quiere morir aunque de una forma irónica e irresistiblemente tierna juega con la letal idea. Sara no es fuerte, no es fría ni calculadora. Ambas desean llamarse amigas, sin embargo ninguna quiere dar su brazo a torcer. En este juego, las dos actrices están fantásticas. Miriam Díaz-Aroca ha adoptado un tono de voz grave, firme, muy alejado de su tiembre habitual; tengo que decir que en cada proyecto teatral la encuentro más actriz. María Luisa Merlo borda su papel. Una mujer mayor, ácida, al borde de la muerte, fuerte, de vuelta de todo y que sin embargo desea vivir con una fuerza inusitada… Ambas tienen muchas cuentas pendientes… Ambas se dan a sí mismas una oportunidad… Es curioso cómo al término de la obra quien parecía más fría y fuerte acaba siendo la que necesita el apoyo de la persona que le dice: “El futuro no importa, sólo tenemos el presente. El Ahora. Siempre Ahora”…
... Por último, y no en último lugar, el tercer personaje. El hombre en busca de sí mismo y de su lugar en el mundo. El agente que le muestra el piso a Sara, posteriormente comercial, más tarde conductor de ambulancia y por último y gracias a Lola, portero del edificio donde los 100 metros cuadrados a la venta acogerá los renacimientos de los tres personajes tan bien dibujados, tan bien escritos por Juan Carlos Rubio.

Sofía Basalo.

domingo, 17 de abril de 2011

GLORIOUS, LA PEOR CANTANTE DEL MUNDO! (Octubre 2010)



GLORIOUS! LA PEOR CANTANTE DEL MUNDO.

Teatro Pequeño Gran Vía.

Autor: Meter Quilter.
Dirección: Yllana.
Intérpretes: Ángel Ruíz, Llum Barrera y Alejandra Jiménez-Cascón.

… DE CUANDO ÉRAMOS INOCENTES…

A Florence Foster Jenkins no la detuvieron la crítica, los abucheos, ni las risas… Florence Foster Jenkins tuvo el suficiente coraje y dinero, todo hay que decirlo, para cumplir su sueño, para hacer de la música, su vida; para cantar bien… o mal, en el Carneggie Hall; para que el mismísimo Cole Porter fuera uno de sus grandes seguidores; para que un pianista en un principio reacio a seguirle “el rollo” a la Gran Diva acabase rendido a sus pies, para que su nombre quedase en la historia más allá del tiempo… Florence Foster Jenkins tuvo la suerte de que los medios de comunicación existentes en aquella época no fueran lo suficientemente ágiles, no estuvieran lo suficientemente adelantados, no sufrieran la contaminación que hoy padecen… Florence Foster Jenkins tuvo la suerte de vivir ese sueño de un modo ingenuo. Ella quería cantar porque amaba la música, porque sentía que tenía algo que decirle a su público, algo que compartir con todas esas personas que, sin duda, la admiraban; amaban a la mujer que autofinanció su propia carrera musical, que empleó la cuantiosa herencia de su padre en cumplir un sueño que iba más allá de la ejecución más o menos acertada de una partitura, un sueño que pasaba por el prestigio… Porque, aunque nos parezca mentira, grandes personalidades de la música adoraban a esta mujer que paseaba su voz a través de un pentagrama haciendo añicos las notas que siglos atrás compusieron grandes artistas… Pero qué importaba todo eso si La Pasión fue el Leit Motiv de toda esta historia…
… Si cantar bien es difícil, si para cantar bien se requieren largos años de estudio, de perfeccionamiento y ensayos. Cantar mal, completamente mal, rematadamente mal, es aún más complejo. Imagino el trabajo que habrá tenido que realizar Llum Barrera para interpretar el aria de “La reina de la noche” tal y como lo hace en la piel de Florence Foster Jenkins y ante las tres mil personas que “abarrotan” el Carneggie Hall; lo imagino o al menos lo pretendo, porque el resultado no podía ser más satisfactorio. Si huían de caricaturizar a esta “artista”, si huían de hacer de ella una marioneta o una “freaky” desde luego lo han logrado; porque es muy fácil formar parte de este trío de artistas en el momento en el que Ángel Ruiz nos pide convertirnos en fervientes admiradores de Florence; es fácil seguirle el juego a una original “Carmen” que reparte flores entre el patio de butacas, para devolvérselas envueltas en una cálida ovación; cualquiera hubiera podido pronunciar las últimas palabras del entregado pianista… Sobre todo, contemplándola desde una actualidad, falta de personajes cuyo único impulso para actuar, para Ser, para hacer algo, es La Pasión… La propuesta escénica es muy sencilla, al fin y al cabo el peso y el valor de ésta se halla en unos intérpretes fantásticos. Llum Barrera está pletórica como Florence Foster Jenkins. Ángel Ruiz interpreta al músico (y narrador de la historia) en un principio reacio a prestarse al sueño de esta mujer, sobre todo cuando descubre el buen oído de la Diva, que posteriormente se rinde a su pasión, a su ingenuidad, a su inocencia; el personaje deambula acertadamente entre la ironía, la complicidad y la ternura, además de regalarnos algunas melodías compuestas por Cole Porter (personalmente me hubiera gustado que cantase un poquito más); No hemos de olvidar a Alejandra Jiménez-Cascón, que da vida a tres personajes bien distintos, con una fuerza notable. Me gustó mucho el momento en el que da voz y vida a una mujer indignada ante la ovación que un público entregado dedica a La Diva. Una mujer con un alto conocimiento musical que es capaz de subir al escenario y relatar una a una todas las “notas fallidas” en una sola actuación. El ritmo de la obra es muy ágil, los tres actores se muestran muy seguros y con una complicidad tremenda sobre el escenario. Ellos son buenos, sin duda, pero tampoco hemos de olvidar que la batuta la lleva una compañía con un dominio absoluto del género.


Sofía Basalo.

domingo, 10 de abril de 2011

CELEBRACIÓN. (Diciembre 2010)

CELEBRACIÓN.

Sala Francisco Nieva. Teatro Valle-Inclán.


Autor: Harold Pinter.
Traducción: Ana Riera. Director: Carlos Fernández de Castro. Intérpretes: Miguel Rellán, Gabriel Garbisu, Jesús Cisneros, Sergio Otegui, Lola Baldrich, María Casal, Rodrigo Mendiola y María José del Valle, entre otros.

REVELADORA RADIOGRAFÍA DEL SER HUMANO…

Quizá sea inútil intentar romper el juego social, la red social a través de la que caminamos… Quizá sea inútil intentar vencer el silencio áspero con el que a veces nos responden “los otros”, el desdén impasible que azota nuestra zona más débil y frágil… Quizá sea inútil intentar mantener encendida la luz que alienta nuestra humanidad… Quizá “el protagonista”, el eje central de esta pequeña gran obra, de esta exhaustiva radiografía humana, sea un camarero ansioso por comunicarse, por compartir determinados capítulos de su vida, por ser persona en un medio en el que no está permitido, en el que no está valorado, en el que su palabra, su gesto, su sonrisa, molesta, estorba, resulta impertinente e incluso indeseable… Quizá “el protagonista” de esta pequeña gran obra intenta romper el esquema a través del que estos personajes se sitúan, el esquema a través del que estos seres actúan, el esquema que dicta cómo deben hablarse, cómo deben mirarse, cómo deben sentarse en torno a una mesa que abraza a duras penas la tensión que se respira entre tres parejas que no se aman, entre dos hermanas que se desconocen, entre dos hermanos que no han aprendido a quererse, entre un banquero que ha de tener bajo control todo lo que le rodea y una secretaria que sabe a la perfección que éste nunca deberá ver en ella la necesidad de afecto, la necesidad de aprobación, su dependencia afectiva… Cómo bien ha escrito el director de esta puesta en escena, Harold Pinter no ofrece respuestas. El autor dispone ante nuestros ojos una situación, unos personajes, unas relaciones afectivas y sociales. El autor provoca en “el protagonista” una determinación, una reflexión… Para que el espectador piense, concluya qué será de la historia que nunca acaba de contar nuestro más que agradable camarero (Miguel Rellán)… Para que el espectador determine que de nada servirá ser digno por una vez, colgar el delantal y poner sobre la mesa la propina humillante con el que le obsequió un beodo cliente… Para que el espectador vea que más allá de las paredes del mejor restaurante del universo, caminan oídos sordos, ojos ciegos, seres individualistas que ni tan siquiera saben pensar en sí mismos, pues si lo hicieran las reglas de este juego serían muy distintas. Me ha gustado esta “celebración” triste y funesta. Me han gustado la puesta en escena y el trabajo de un director que nos ha regalado las características de cada personaje en cada gesto, en cada mirada, en el modo en el que finalmente se sientan en la mesa que une sus cenas: Todos los comensales agrupados, frente al banquero (Jesús Cisneros) el hombre que ha de controlarlo todo, el hombre que debe tener a todos y cada uno a la vista. El hombre que no necesita afecto, que desprecia todo lo que “huela” a amor, que ha convertido el trabajo en su centro vital. A su lado, una antigua secretaria (María Casal), que lo ama quizá, y que por todos los medios intenta ocultar ese sentimiento; conoce bien al que tiene delante y sabe de sus carencias, quizá por ello no pudo olvidar a su primer amor (Sergio Otegui), como tampoco lo olvidó él, mientras piensa: “Se enamoró de mí”. Esta afirmación nos provoca una pregunta: “¿Estos matrimonios se querrán. Estarán enamorados. Sabrán querer estas personas. Los habrán querido alguna vez?” Y las respuestas nos las ofrecen algunos fragmentos de una conversación agridulce, a través de la que se escapan los capítulos más tristes de un paraíso infantil que nunca fue… Alrededor de los comensales sobrevuelan los empleados de este distinguido restaurante. Empleados que contemplan impasibles la desazón de sus clientes, la tristeza de sus clientes, su insatisfacción. Saben mantener su posición, siempre al otro lado de la línea que marca la intimidad, el ámbito personal e intransferible del que no quiere ser ayudado, del que no quiere ser escuchado porque no quiere escuchar, del que va simplemente a lo suyo porque lo del otro le importa más o menos nada… Perfecto análisis del ser humano perdido en una sociedad presta a naufragar… Perfecta celebración de una inhumanidad que nos abraza absorta en sí misma…

Sofía Basalo.